Las actividades sociales y culturales representan un potente estímulo para nuestro cerebro y contribuyen al desarrollo de la reserva cognitiva. La reserva cognitiva permite compensar los daños neuronales provocados por patologías como el Alzheimer, retrasando así el deterioro funcional.
La estimulación derivada de la interacción social fortalece los circuitos cerebrales, promueve la plasticidad neuronal y multiplica las oportunidades para experimentar emociones positivas y crecimiento personal. Así, la vida social activa no solo es fuente de placer y vitalidad, sino que, además, se asocia a una reducción objetiva de la discapacidad, de la mortalidad y del riesgo de depresión y demencia.
El aislamiento tiende a acusarse en la vejez, pero precisamente en esta etapa resulta crucial fortalecer los vínculos sociales. El intercambio social estimula el lenguaje, la memoria, la empatía y las funciones ejecutivas. No se trata únicamente de mantener muchos contactos, sino de potenciar relaciones de calidad. Las amistades cercanas, los lazos familiares sólidos y las relaciones personales satisfactorias aportan mayor felicidad y vitalidad mental. El bienestar derivado de apoyos sociales significativos contribuye a la resiliencia emocional ante situaciones adversas como la jubilación, la viudedad u otras pérdidas personales.
La cantidad de relaciones puede ser tan relevante como la calidad, aunque el número sea reducido. Por un lado, dedicar menos tiempo pero a relaciones más significativas, apunta a un mayor impacto en el bienestar. Sin embargo, se ha señalado que las redes sociales diversificadas y complejas
producen mayor enriquecimiento cognitivo y protección ante el deterioro. En este sentido, cobran especial relevancia las relaciones con personas de diferentes contextos y edades, lo que pone en gran valor las actividades intergeneracionales.
¿Qué ejemplos de actividades sociales se pueden llevar a cabo para mejorar la salud cerebral?
La clave para mejorar la salud cerebral está en la integración de distintas actividades que aporten estimulación y oportunidad de contacto social. Algunas de las más destacadas son:
- Estudios, cursos y talleres. Aprender algo nuevo, ya sean idiomas, música, cocina, fotografía, manualidades o tecnología. En España, casi 60 universidades ofrecen programas para séniors. En Albacete, tenemos la Universidad de la Experiencia, dependiente Castilla La Mancha
- Participación de la Universidad de cultural. Ir a museos, exposiciones, charlas, conferencias, festivales, conciertos y clubes de lectura. Estos espacios permiten la interacción y el enriquecimiento cultural.
- Clubes y asociaciones. Formar parte de colectivos deportivos, lúdicos, culturales o de ocio combinando la actividad física, cognitiva y social como el baile o el senderismo o actividades de mesa como el ajedrez o el tute.
- Voluntariado. Hacer voluntariado ofrece sentido de utilidad social, genera nuevas amistades y fomenta habilidades sociales y cognitivas.
- Turismo cultural y de naturaleza. Explorar el patrimonio local y realizar salidas en grupo a entornos naturales puede ser una rica fuente de estímulos novedosos y permite ampliar nuestro círculo social.
- Uso inteligente de la tecnología. Aunque la interacción presencial es insustituible, internet y las redes sociales pueden ayudar a mantener y crear vínculos a distancia, especialmente importantes en contextos de movilidad reducida.
¿Cómo superar obstáculos para llevar una vida social activa?
Las actividades sociales son muy importantes para enriquecer el día a día de una persona. Sin embargo, hay situaciones en las que es complicado mantener una vida social activa como son los problemas de movilidad, el miedo al rechazo o la pérdida de seres queridos. Para afrontarlas, pueden ser útiles las siguientes recomendaciones:
- Priorizar la calidad sobre la cantidad: dedicar tiempo a vínculos valiosos
- Buscar actividades adaptadas a los intereses y capacidades personales.
- Mantener la curiosidad y apertura a nuevas experiencias
- Utilizar la tecnología solo como complemento, nunca como sustituto de los encuentros presenciales.
- Fomentar el apoyo mutuo en círculos familiares y comunitarios.
En definitiva, el fomento de las actividades sociales y la calidad de las relaciones humanas debe considerarse un eje central en la promoción de la salud cerebral, desde el ámbito personal y familiar hasta las políticas públicas. Intervenir sobre la soledad no deseada e impulsar la participación social son estrategias prioritarias para la prevención de la demencia y para mejorar la calidad de vida en la madurez.